El protagonista de esta toma, es un tuareg que conocimos en Tamdaght. Agradable, simpático, servicial y sobre todo, un verdadero amante de sus camellos, a los que hablaba, acariciaba y mimaba como si fueran sus hijos.
Podías verlo de maletero, trabajando de guía de la zona o charlando amigablemente con cualquiera de los inquilinos de la Kashbah en la que nos alojamos.
Da gusto conocer gente así.
Con la imagen de hoy, quiero además iniciar una serie de tres fotografías, o mejor dicho, de tres versiones diferentes de tratamiento realizadas sobre la misma fotografía. Sí me gustaría por favor, que expresaseis vuestra opinión sobre las tres, o al menos comentáseis cuál os ha gustado más, ya sabeis, sigo buscando un estilo propio.
Gracias